Hay decisiones que suenan mal… hasta que te toca vivirlas.
Lo que pasa en Emerald Twilight es una de esas cosas que es muy fácil juzgar desde fuera.
Pero si eres honesto contigo mismo, la historia cambia.

Hal Jordan pierde su ciudad.
No un edificio. No un grupo de personas.
Toda su ciudad.
Y con eso, pierde a todos los que le importaban.
Entonces encuentra una solución.
No moral.
No correcta.
Pero solución al fin.
Usar el poder de los Green Lantern para traerlos de vuelta.
Y aquí es donde muchos dicen:
“ah, se volvió loco”.

Pero seamos claros: Si tuvieras ese poder… ¿de verdad no lo intentarías?
Yo sí.
El problema no es que lo intentara.
El problema es todo lo que vino después.
Porque cuando los Green Lantern Corps le dicen que no…
Hal no se detiene.
No duda.
No negocia.
No procesa.
Avanza.
Y para avanzar, empieza a hacer algo que ya no tiene justificación:
pasar por encima de todos los demás.
Linternas incluidos.
Ahí es donde deja de ser alguien roto…
y empieza a convertirse en un problema.
Porque una cosa es querer arreglar tu mundo.
Y otra muy distinta es decidir que las reglas, los demás y las consecuencias ya no importan.
Al final, Hal Jordan no cae porque quisiera hacer algo malo.
Cae porque decidió que su dolor era más importante que todo lo demás.
Y eso… es mucho más humano de lo que nos gusta admitir.


No responses yet